Obras maestras

De pronto me vi como un perro ladrando a las puertas del infierno, jadeante y sin aliento, pero con una furia desenfrenada, porque ella se fue, me dejo con el corazón hecho trizas.

Regrese a la maldición de mi vida sencilla y solitaria que siempre he querido dejar atrás, olvidar y que solo sea una mala historia de un pobre diablo, que seguramente ya no existiría más que en mis recuerdos.

Dijo hola, pero sus ojos me decían adiós, no le pedí perdón ¿para qué? Si me diría una mentira que seguramente me tragaría y callaría con un sabor amargo pero satisfactorio del adiós.

Quise sujetar su mano una vez más y con un portazo su corazón cerró y con ello se despidió de mí, no pudo ser más fría, pero dejo en claro lo que ella quería…

Yo quería escribir en su piel una obra maestra, sería ella mi “capilla Sixtina” pero debo olvidarme de ella y ahora comenzar a tallar una nueva pieza de mármol, me libre de los errores que con ella pudiera cometer, hacerle daño y al final terminar como ahora.

Hoy tomo este pequeño trozo de papel y con una lagrima mojo mi pluma, comenzando a deslizarla como si fuera mi lengua contra tu piel, el dolor de mi corazón tiñe con ligeras mordidas y la sangre de mi sufrimiento pone el ya merecido punto final.

Prepara tu mente pues a partir de hoy, cada obra será mejor que la anterior y te dejare elegir la mejor , que siempre serás tu

 

 

 

 

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