El Final…

Hace frio aquí, mis manos tiemblan, un escalofrió recorre mi espalda, me siento suavemente en el suelo y abrazo mis rodillas, el suelo esta helado, por otro lado mi habitación pierde el color rápidamente, el aire es más ligero y me hundo en un total silencio, a través del ventanal comienza a aparecer una espesa niebla, levanto el rostro y observo lo que pasa, el pequeño sillón azul brillante que decora mi alcoba se nota gris y opaco, la alfombra parece ser cada vez más suave, un inmenso deseo de recostarme en ella me invade, me quito los zapatos y estiro las piernas mientras que mis ojos comienzan a doler, mi cuerpo quiere liberar a través de una lagrima todo este nudo que se acumula en mi pecho, pero por alguna razón no puedo, entre la niebla se forma una silueta, cada segundo se vuelve más clara, la observo detenidamente, su cabello parece ser que algún día tuvo un brillo, sus rizos caen sobre sus hombros, tiene un rostro mucho más pálido y una mirada triste, sombría, su forma es gris, las ligeras sombras que se forman en su piel causan una inmensa tristeza, esa mujer camina con paso firme hacia mí, se acerca y un frio extraño recorre mi cuerpo comenzando por mis brazos hasta llegar a mi pecho, bajo el rostro tratando de eliminar lo que veo, lo que siento; siento una helada mano acariciar mi mejilla llegando hasta mi barbilla, me incita a levantar mi rostro y mirarla, noto en su brazo varias marcas, en sus muñecas existían varias marcas de ataduras, se notan recientes, parece ser que forcejeo mientras la tenían atada, subiendo por sus brazos habían marcas de cortadas, esas no parecen ser recientes, veo su rostro lastimoso, no tiene una boca pero suelta ligeras palabras con una voz dulce y fuerte “Hola pequeño, veo que no te he visitado hace mucho, quiero que veas mis brazos, ves aquellas marcas” dijo mientras señalaba las marcas alrededor de sus brazos “cada una de ellas fueron causadas por tu culpa, la primera vez que te sentaste a callar tus sentimientos causaste la primera, desde ese día yo te visito cada día, siempre que nos vemos me causas una herida más fuerte, quizá pienses que es malo, pero siempre me ganaste la batalla, aquella noche del 18 de julio hace tres años por fin había ganado una batalla, pero cuando despertaste paso mucho tiempo hasta que te vine a visitar, te preguntaras porque es la primera vez que tú me vez y la respuesta es simple, me canse de que cada vez que tú te sientes mal yo tenga que sufrir, cada herida la deberías tener tú, yo absorbí tu dolor, mientras que tu no logras deshacerte de mí y hoy eso cambiara”

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